
Estar en Costa Rica
es esto: estar descalzo
y libre.
Una casa sin frente.
Solo horizonte.
El nombre lo pusieron los dueños. Para ellos, estar en Costa Rica es eso: estar descalzo y libre. Sin protocolo. Sin fachada. Sin la tensión de la vida que dejaron atrás.
La casa responde a eso con absoluta precisión. Se posa sobre la loma de Nosara — no se clava en ella, se posa — y abre los ojos en todas las direcciones. No hay una fachada principal porque el bosque rodea el terreno por todos lados y todos los lados merecen ser mirados.
La piscina infinita desaparece hacia el verde en el atardecer. Las terrazas corren a lo largo de la casa como corredores abiertos al bosque. Cada habitación tiene su propia ventana al paisaje, su propio momento de luz. La casa no organiza las vistas — las multiplica.

"El bosque de Nosara rodea la casa por todas partes."
La elección del sitio no fue casual. Nosara tiene un bosque que acompaña, que no intimida. Un bosque que entra por las ventanas como vegetación viva, que colorea los interiores de verde, que regula el clima con su presencia constante.
La casa está diseñada para que ese bosque sea el primer material de construcción. Las vistas, el sonido, la brisa, la luz filtrada por las copas — todo eso es arquitectura. Todo eso fue diseñado con la misma intención que el travertino del piso o la madera de teca del techo.
Desde la cocina, desde el dormitorio, desde la terraza alta — el bosque siempre está. La casa no lo enmarca ni lo domestica. Lo invita a entrar.

Travertino, teca y blanco.
Sin más.
La paleta de materiales de Casa Descalzo es una decisión de humildad. Travertino natural en pisos y terrazas — cálido, poroso, honesto. Madera de teca en los techos — la misma calidez que el trópico ya tiene. Blanco en muros y estructura — para que nada compita con el verde del bosque al otro lado del vidrio.
Los aceros negros de las ventanas y barandas trazan líneas precisas sobre el blanco. No son decoración — son la estructura honesta de la casa, visible porque no hay nada que esconder.
Los baños son el único lugar donde la paleta se abre. El azul celeste hexagonal, el dorado geométrico — pequeños momentos de color que le pertenecen al interior, al espacio íntimo. Afuera, el color lo pone el bosque.
La piscina desaparece
hacia el verde.
El atardecer, también.
El diseño del borde de la piscina fue calculado para ese momento específico: cuando el sol baja sobre las colinas de Nosara y el agua refleja el cielo naranja. La línea del horizonte de la piscina y la línea del horizonte del paisaje se funden. No hay borde. No hay límite. Solo el verde, el agua y la luz que se va.








